Some Thoughts on Daniel Portela

My favorite moment from Daniel Portela’s debut last night was the wardrobe malfunction. After singing a number from Rocky Horror Show in which he performed the lead role in a local production last year, he was down to his undies—true to the original character—in the process of getting dressed onstage while singing the following number. His outfit had been placed on a chair for him by a backup dancer. A sock went missing, so he had to remove the only one he had already put on. Then, he started putting on his shoes but forgot the trousers. Finally, while still singing, he buttoned his shirt out of sequence, tucked it in and put on a jacket.

After finishing the song, he realized there was something wrong with his shirt buttoning. He blushed and sweat immediately began pouring out of every pore in his face. Without the guidance of producers, choreographers, investors, directors and the entire cast of characters that frequently bring out the best and the worst of a performer while he is on stage, Portela had no choice but to be in the moment and improvise.

At that very moment, completely devoid of all sorts of bells and whistles—batucada drummers, folkloric dancers, backup singers and fire alarm-triggering pyrotecnics among others—he called the shots.

For a moment, he was vulnerable and genuine—finally.

Unfortunately, the show was almost over at that moment. I would have loved to see more of the artist, and less of the intense machinery built around him.


Comentarios Sobre Daniel Portela

Mi segmento favorito del debut de Daniel Portela de anoche fue cuando le falló el vestuario. Después de haber cantado un número del Show de Terror de Rocky, en el que estelarizó el año pasado, estaba en escena vestido únicamente en ropa interior—como el papel original lo indica—cantando la siguiente canción mientras se vestía. Su vestuario había sido colocado sobre una silla que trajo al escenario uno de los bailarines. No encontró un calcetín, así que tuvo que quitarse el otro que ya se había puesto. Luego, comenzó a ponerse los zapatos, pero olvidó los pantalones. Finalmente, mientras cantaba, se abotonó la camisa fuera de secuencia, se la fajó en los pantalones y se puso un saco.

Al terminar la canción, se percató de que algo andaba mal con los botones de su camisa. Se le subió el color de las mejillas e inmediatamente comenzó a sudar. Y sin contar con la asesoría y apoyo de productores, coreógrafos, inversionistas, directores y toda la máquina que frecuentemente saca de un artista lo mejor y lo peor en el escenario, Portela no tuvo otro remedio mas que ser espontáneo e improvisar.

En ese momento, sin tanta faramalla—bateristas de batucada, bailarines folclóricos, coristas, y aparatosos fuegos artificiales entre otros—él tomo la rienda del espectáculo.

Por un breve momento, fue vulnerable y genuino—finalmente.

Desafortunadamente, el espectáculo estaba a punto de concluír. Me hubiera gustado ver más del artista y menos de la intensa maquinaria que se construyó a su alrededor.

portela

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